sábado, septiembre 15, 2007

Lo invisible de las Ciudades

Así como la Atlántida y Utopía eran
ejemplos de ciudades a imitar,
es decir, "ciudades heróicas";
también hay ciudades "anti-héroe".
En la foto, nuestra querida y universal
"Springfield" de "Los Simpson".
Un evento urbano que carga con los
pecados urbanos de todas la ciudades reales.


Viajar es conocer. Y para los arquitectos, viajar es peregrinar. Se vuelve parte su formación como proyectista. Al faltar un par de meses de terminar mis actividades como residente arquitectónico en la remodelación del Terminal Terrestre de Guayquil, me muerdo los labios pensando a dónde me iré de viaje de vacaciones. Tantas opciones y tan poco presupuesto. Quizás me dispare a hacia Buenos Aires o Nueva York. Tengo una entrevista pendiente en Ciudad de Panamá; y no me disgusta la idea de Ciudad de México, muy cerca de mi qurida pirámide de Teotihuacán y de mi amigo Fito, en Guadalajara. Obviamente, ciudades europeas como Londres, Barcelona, Berlín y Edinburgo están en mi corazón, aunque no en mi presupuesto por el momento.

Puede que sea una suerte de autoengaño, pero a veces, conocer es también una forma de viajar. Me he desarrollado dentro de un grupo de amigos y allegados afines a viajar, a ir más allá. Y durante este par de años, en los que he estado completamente enraizado a mi querida Guayaquil, me he deleitado mucho conversando con aquellos que pueden darse una vuelta más allá de la esquina. Me gusta preguntar por el "espíritu" de las ciudades que mis amigos visitan.

Quien más me deleita con sus descripciones es mi amigo "Carlangas", tiene el don de describirte una ciudad como si de una persona se tratase; y lo hace desmitificándotela. No te habla de una celebridad. Más bien te cuenta cosas semejantes a que Brad Pitt o Angelina Jolie se sacan los mocos de la nariz con los dedos. Berlín y Roma fueron dos ciudades cuya describción disfruté. A berlín la describió como un "show" de la vanguardia arquitectónica. "Donde vayas, encontrarás una pluma o una grúa de construcción". Pero ese show termina en la casas tipo "banco de la vivienda", donde los berlineses se acostumbraron a hacer su vida, luego reconstruir la ciudad, al final de la Guerra.

A Roma la acusó de ser una ciudad con doble personalidad. La majestad de su peso histórico se contrapone -según él- a la parte viva y actual. "La Roma donde viven los romanos ahora es igual a Guayaquil"... La verdad es que no me extrañaría. Espero poder confirmar o desmentir los comentarios de Carlos próximamente, luego de terminar mi actividades en el terminal. No vaya a ser que juegue el papel de los monjes mediavales, que escribían sobre bestias que jamás vieron, y cuyas características eran deformadas en sus narraciones.

Otra persona que describe también la "personalidad" de las ciudades es Diego, un colega con quien hicimos algunos proyectos hace un par de años. La descripción más interesante que me dio fue la de Calceta. "Es un pueblo donde el realismo mágico viaja en bicicleta. Ves a la gente llevar a reparar su televisor... ¡en bicicleta!"

Otros ejemplos dignos de mncionar: Mi pana Fito definió alguna vez a su querida Guadalajara como "Cuenca, pero a lo bestia"; y cuando me preguntaron sobre Lima, encontré conveniente definirla como un cocktail: échense dos medidas de Guayaquil, con dos medidas de Quito. Mezclese bien y sírvase frío junto al mar, a la temperatura ambiente de Salinas en agosto.
Otra cosa interesantísima de las ciudades, y de la cual hablan muy poco los urbanistas, es el olor. En su libro "El Urbanista", el mexicano Mauricio Tenorio Trillo dice que Barcelona huele a "café y tabaco"; "México a cilantro y gasolina, San Francisco a popcorn". Uno de mis profesores de la facultad tomaba como evidencia de las mejoras en el centro histórico de Quito el hecho que "las calles ya no huelen a naranjas". De los olores que he recibido justo después que se ha abierto la puerta del avión, puedo decir que Quito huele eucalipto con smog. Lima tiene un profundo olor a sal, que puede destaparte la nariz de una sola. De Guayaquil no he percibido olor alguno, quizás porque en esta cancha juego de local, pero me suena coherente el cometario que muchos me han realizado, respecto al primer olor que recibe a los turistas: el olor del lodo del río Guayas. No es tan descabellado, si tomamos en cuenta la proximidad entre el aeropuerto y el río.
En definitiva, las ciudades guardan gran similitud con las personas. Nos sirve de mucho ver otras, para conocernos y reconocernos en nuestras virtudes y falencias. Que cada uno de nosotros imite a ese Marco Polo imaginario que nos presentó Italo Calvino en "Las Ciudades Invisibles", y se invente una ciudad, mientras pasa el tiempor dentro del taxi, entre un hotel y un aeropuerto.

6 comentarios:

Alfredo Mora Manzano dijo...

Loco, el olor oficial de Guayaquil siempre ha sido y será el olor a meado, ahora podría ser también el olor a adoquín con sobreprecio

Jaime Izurieta Varea dijo...

Quito olía a naranjas? NARANJAS!!! huele es a meados y a grasa...
ya viste El Perfume? huele como París en el XVIII

imaginería dijo...

¿Roma como Guayaquil? No es por nada pero "Carlangas" se la fumo verde.

Concuerdo con los anteriores comentaristas, sobre todo con Jaime, Quito no solo huele a meados sabe a mierda. ¿Cuántas veces te has comido caca por… digamos, el transito?

Dunn dijo...

Creo que el olor a meado es el "latín" de los aromas urbanos. Lo encontramos en Quito, Guayaquil, Nueva York, Roma o Moscú. Por eso he preferido hacer referencia a olores más particulares de cada sitio.

Andrea dijo...

Buenos Aires! Buenos Aires! Buenos Aires!!!

Dunn dijo...

Como Post Data: Seúl!

Tengo dos cometarios adicionales, ambos relacionados con Seúl. "Cheesse" me contó que descubrió con qué tipo de filtro se debe filmar en Guayaquil, en base a los utilizados en Seúl, ya que poseen una luminosidad semejante (ambas viven parcialmente nubladas). Para contrarrestar el gris del ambiente, se recomienda usar filtros amarillos.

Mi amiga Sabine vive desde hace poco en Seúl, me cuenta que en dicha ciudad pareciera que siempre es navidad, a causa de sus luces llenas de colores. Interesante contraste entre luminosidad natural y la artificial

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