miércoles, abril 20, 2005

Propuestas para una Constitución Nueva.

Le contaba a una amiga mía que percibo a la Constitución vigente como un documento débil, hecho prácticamente para ser destrozado por la actual clase política, muy venida a menos durante los últimos días. ¿Por qué? Simple: En ella se le da más poder al Presidente de la República, con la intención de disminuir la capacidad operativa del Congreso. Tal objetivo no se alcanza. Lo que logra esa carta magna es una Presidencia prepotente y poderosa, pero aún incapaz de interactuar con el Congreso. El resultado es un choque de fuerzas entre los poderes estatales. La Constitución del 98 no endereza para nada la estructura estatal. La mantiene exageradamente vertical, digna de un latifundio o de una secta religiosa, pero no de un país.

La situación actual amerita que todos busquemos soluciones, y no remedios temporales, sino arreglos definitivos. En mi opinión -y no es que me crea Rodrigo Borja- los problemas están en los siguientes ámbitos:

1.- La Ausencia de la Participación Ciudadana. Con los últimos sucesos se ve que esta pesada roca ha empezado a moverse. Ojalá la gente no pierda este impulso y vuelva a la inercia; a la ausencia de sentido de pertenecia al país, a ese "¡deja que los políticos se encarguen de eso!". Espero de corazón que estas experiencias nos enseñen a ser consecuentes con nuestro voto, y a recordar las consecuencias de una mala elección en las urnas.

2.- La caduca Clase Política y sus Intereses. La reacción popular de la valiente Quito debería ser un sacudón a aquellos que han peleado por los intereses económicos y sectoriales que los ha impulsado a los cargos públicos que ostentan. Ojalá reaccionen y vean el país donde realmente viven. Esto también debería ser una advertencia para aquellos que saltaron del set de T.V., de la terima o del estadio a una curul o a una posición importante en el Gobierno. Aqui hacen falta conocedores de la realidad nacional, capaces de buscar y encontrar soluciones de manera conjunta. Ya no queremos ni caras bonitas, ni saltinbanquis, ni improvisadores.

3.- Estructura Estatal muy Vertical. Los líderes están muy distantes de las personas que representan. No conocen sus necesidades reales, ni sus prioridades. Si a eso le sumamos esa falta de pertenencia que tiene la población sobre los bienes y poderes públicos, tenemos como resultado una desconexión total entre gobernadores y gobernados. Ejemplo: ¿cuándo ha sido la última vez que le han hecho saber a un diputado o consejal sus anhelos o necesidades como ciudadanos?

Opino que la solución debe ser entonces integral. No sólo hace falta reducir el número de diputados, crear una ley para esoger a los miembros del Poder Judicial. Se necesita una terapia más intensa (metáfora médica, ¡qué irónico!). Creo que una Asamblea Constituyente debería escribir una nueva constitución y remodelar la estructura de los organismos estatales y su interacción. A continuación, algunos puntos que me parecerían útiles e interesantes:

- El Estado y el Gobierno deben respetar las libertades ciudadanas, incluída la Libertad de Pensamiento. Sin embargo, los organismos estatales y gubernamentales deben tender siempre al Centro; es decir, deben ser siempre conciliadores. Para ello, se deben dar los mecanismos y los canales de comunicación indispensables para el diálogo y el alcance de acuerdos.

La Historia Universal demuestra que las civilizaciones en etapa de desarrollo y prosperidad manienen siempre mecanismos de diálogo. Los estados o gobiernos con tendencias extremistas son expresiones de una sociedad en decadencia.

- Se debe establecer una comunicación más directa entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Una posibilidad sería destinar al Vicepresidente de la República como representante del Ejecutivo ante el Congreso. No descartaría del todo una democracia parlamentaria. Eso podría venir con el tiempo y con la madurez de los electores.

- Si se mantiene la incapacidad actual sobre el Congreso de censurar ministros, entonces los ministros del Ejecutivo sólo deberían posesionarse bajo la aprobación del Congreso.

- Reducir el candado a las reformas constitucionales de un año a seis meses. Mantener un tiempo mínimo de vigencia de leyes y reformas de dos años.

- Regresar a la bicameralidad. Hacer dos debates con las mismas personas, no tiene sentido.

- Si separa al Ejecutivo en un Jefe de Gobierno y un Jefe de Estado, se podría usar a éste ultimo como voto dirimente entre congreso y jefe de gobierno.

- De existir tal separación, el jefe de estado debería tener a su cargo las relaciones exteriores, la educación y la definición de las cúpulas militares y policiacas. Debería durar mínimo dos años más que el jefe de gobierno en el cargo. El jefe de gobierno comanda las fuerzas armadas y la policía, pero no está en capacidad de remover oficiales.

- Presidente y diputados no deberían ser escogidos en la misma elección. Los diputados deberían ser escogidos con los alcaldes y prefectos.

-Mantener la independencia del Poder Judicial. En caso de distribuir al Ejecutivo entre un jefe de estado y un jefe de gobierno, el jefe de estado debería ser quién defina la oxigenación de la Corte Suprema, de manera conjunta con el congreso.

He ahí mi granito de arena. ¡Echen ustedes el suyo! Y lo más imprtante: hay que hacer que estas ideas lleguen a aquellos que toman las decisiones. De lo contrario, no nos podremos quejar luego.

1 comentario:

Baobab en mi jardín dijo...

Una cosa es la canción otra cosa es el cantante

¿Podemos decir que si cambiamos de canción, tendremos una mejor interpretación si el cantante es desafinado?

Probablemente no...

Necesitamos "cantantes afinados" en el coro de la política ecuatoriana. Esta afinación se logra con el respeto a la ley, la justicia, y el conjunto de valores que se enseñan en la mayoría de los hogares ecuatorianos; pero que muchos ignoramos al salir por la puerta.

Por otro lado me pregunto, y si le damos a los desafinados una canción más fácil de cantar... ¿mejorarán su desempeño?

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