lunes, abril 16, 2007

El Templo Budhista de Guayaquil

Hace un par de fines de semana, tuvimos la oportunidad de visitar lo que será el Templo Budhitsta de Guayaquil. En escala, se trata de una obra imponente. Se trata de una obra conflictiva, que trata de congeniar las técnicas contemporáneas de la contrucción con el lenguaje arquitectónico antiguo al que recurren este tipo de edificios. Sin embargo, no deja de sorprender el logro alcanzado, respecto a la tranquilidad que inspiran los espacios en el usuario.



Me es imposible analizar esta construcción sin considerar los planteamientos de "El Elogio de la Sombra", de Junichiro Tanizaki. Un ensayo sobre la arquitectura oriental, escrito por alguien que no es formado como un arquitecto. Se trata de un ciudadano común y corriente del Japón que desea ver cómo lograr que su hogar -construído con las técnicas actuales- desea sentir el espíritu de la casa japonesa tradicional.Tanizaki descubre cosas interesantísimas en dicha exploración conceptual; sobretodo desde la perspectiva de aquellos que no hemos profundizado en las diferencias culturales entre Occidente y Oriente.
Para nosotros, la arquitectura depende fundamentalmente de la luz. Sin embargo, en Oriente se considera a la Sombra como una herramienta importantísima, cuyo objetivo es "resaltar la luz". Quizás por ello, en lo que a arquitectura tradicional se refiere, Oriente logra que la luz se comparte de manera más "fluida".
Sin embargo, hay algo que me gustaría ver en otras religiones, que -hasta la fecha- sólo encuentro desarrollado en la religión cristiana: la habilidad de lograr espacios religiosos modernos. Sería interesante ver un templo budhista, o una mezquita en la se maneje la luz y la sombra de manera semejante a lo hecho por Tadao Ando en la "iglesia de luz".
El budismo se presta mucho para ese tipo de experimentaciones, con su concepción más dual y continua de los elementos de la naturaleza.


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