viernes, mayo 01, 2009

LA AGONÍA Y EL ÉXTASIS.

 

Comparto con ustedes lo que iba a ser mi siguiente artículo en la revista del MAAC Cine. A propósito, señores del “Ocho y Medio”, ¿no me quieren dar chamba como articulista?

 

LA AGONÍA Y EL ÉXTASIS

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“La Agonía y el Extasis” no es una película ajena para nosotros. Seguramente, muchos lectores la tienen dentro de sus recuerdos infantiles de la televisión en fiestas de Semana Santa. Especialmente, la voz del Papa Julio II gritando “¿Cuándo lo terminarás?”; y el soberbio Miguel Ángel Buonarroti respondiendo con una superioridad inusual para los oídos del Papa, con un rotundo “¡Cuando lo termine!” .

Sin embargo, ver esta película con el filtro que dan la adultez y los años, es otra cosa. El filme refleja muchos matices temporales. En él podemos sentir el espíritu de dos épocas. Una de ellas es el hito histórico del Renacimiento Italiano, que tuvo en Miguel Ángel su máxima expresión. La otra época es la década de los sesentas, que engendraron tanto esta producción cinematográfica, como la novela que sirvió de inspiración para su realización.

www.kobal-collection.com
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AGONY AND THE ECSTASY, THE (1965)
,  
January 1, 1965
Photo by Kobal/20TH CENTURY FOX/The Kobal Collection/WireImage.com
To license this image (10375160), contact The Kobal Collection/WireImage.com

Podría decirse que 1965 es un año que se prestó con una serie de coincidencias interesantes, las cuales plasman un fino equilibrio, perceptible en el filme. El arte en Occidente estaba en medio de su segundo movimiento de vanguardia. Los “Picassos”, cedían su presencia paulatinamente a los “Wharhols”, aunque éstos no se merecieran semejante curul. Los “Joyces” ya habían guardado sus plumas, y los “Keruacks” y los “Dylans” asomaban tomaban sus posiciones. Los Beatles retocaban las grabaciones finales de “Rubber Soul”; y en medio de todo eso, el cine se negaba a perder su épica derrochadora y pomposa. Es más, se aferraba aún más a ella, con las uñas y los dientes. La explosión artística de la época impulsaba la curiosidad por tiempos pasados, en los que el arte jugaba un papel de semejante o mayor relevancia.

Para aquel entonces, Charlton Heston ya había dejado atrás la gloria de “Los Diez Mandamientos”, “El Cid” y “Ben-Hur”, pero esta aún no entraba en su etapa decadente, en la que terminaba sus películas con gritos tan desgarradores como falsos, como “You Maniacs! You blew it up!” o “Soylent Green is people!”.

Más que ser una “historia sobre la Historia”, “La Agonía y el Éxtasis” trata sobre la necedad. La necedad de Bounarroti, chocando contra la necedad del Papa Julio II. Del “Big Bang” producido por este choque entre titanes, surgen los frescos que decoran la bóveda de la Capilla Sixtina, emborrachando de belleza al planeta Tierra, hasta nuestros días.

La Dirección de la película estuvo a cargo de Carol Reed, quien había dirigido para ese entonces películas como “Nuestro Hombre en la Habana” o “EL Tercer Hombre”; ambas obras inspiradas en novelas del escritor Graham Greene. Phillip Dunne fue el encargado de convertir en guión la obra biografía homónima que escribiera Irving Stone, sobre Miguel Ángel Buonarroti. Dunne opta de manera acertada por cambiar en su guión el enfoque de la obra literaria de Stone; convirtiendo esta obra biográfica en una narrativa sustentada en hechos y personajes históricos. De esta forma, “La Agonía y el Extasis” pasa a la pantalla gigante como la historia sobre el encuentro y el conflicto entre Buonarroti y Julio II; y sobre todo lo que implicó aquel trabajo que tanto los unía como los confrontaba.

Heston

La cinta nos muestra un Heston menos fanfarrón, capaz de superar –al menos, momentáneamente- todo el mito generado alrededor de sí mismo como ícono cinematográfico. Da la impresión que el actor logró captar su pequeñez ante el peso de un personaje tan monumental como lo es Miguel Ángel. Sólo así se pueden explicar su transformación en este renacentista necio y soberbio; pero capaz de soportar sobre su espalda lo palazos y la caprichosa autoridad del Papa. Heston nos ofrece un Buonarroti apasionado por el arte, por su arte; urgido por la calidez de la vida mundana, pero testarudamente decidido a dejarlo todo, con tal de mantener vivo dentro de sí el don de convertir la piedra y los pigmentos en manifestaciones solemnes de la belleza.

El casting de este filme da la impresión de haber sido hecho con la intención de impedir que la presencia de Heston se vea eclipsada. El actor inglés Rex Harrison, quien había participado antes en obras como “Cleopatra” y “My Fair Lady”, es el encargado de ser el contrapeso histriónico en esta película, interpretando al Papa Julio II, conocido en los libros de Historia como “El Papa Guerrero”. Harrison, como buen actor de formación inglesa, logra estar a la Agony_and_the_Ecstasy_1965 altura de las exigencias del personaje, abarcando los rasgos más interesantes de su humanidad; como lo son su preferencia por las armas y la guerra, sus inseguridades como sirviente de Dios y su caprichosa testarudez como monarca de la iglesia católica. Todo eso se conjuga en un Sumo Pontífice caprichoso, impaciente -y aún así- paternal y protector con sus protegidos.

Tres personajes conforman el entorno inmediato de Miguel Ángel: el Duque de Urbino, quien hereda de su padre la tormentosa relación “Mecenas- Artista” con Miguel Ángel; y la hermana del Duque, Tessina de Medici. Estos roles son interpretados por Alberto Lupo y Diane Cilento, respectivamente. Ambas fueron presencias muy importantes en la vida real del afamado escultor. Sin embargo, dichas interpretaciones dejan mucho que desear. De ellos, sólo el bello rostro de la actriz quedará en la mente del espectador.

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Los que sí son dignos de una honrosa mención son aquellos personajes que hacen la contraparte artística de Miguel Ángel: el viejo Bramante (Harry Andrews) y el joven Rafael Sanzio, interpretado por Tomas Milian. A Bramante se lo muestra como a un viejo carcamán, disciplinado y sumiso. En cierta forma, Bramante es el futuro que los mecenas anhelan para Buonarroti, y que él a su vez, rechaza. Aunque por cuestiones cronológicas no debería hacerse, la comparación entre este personaje y el Maestro Salieri de “Amadeus” es inevitable. En cambio, a Rafael se le da una mayor relevancia en la cinta, por ser él quien juega un papel dual dentro de la trama; de enemigo y competencia al principio, y de admirador y motivador después.

Quizás el momento cumbre de este personaje sea cuando le abre los ojos a Miguel Ángel, invitándolo a dejar su orgullo a un lado para disculparse ante el Papa. La juventud de Rafael contrasta mucho con su sabiduría. “¿Qué es el artista en este mundo, sino un siervo, un lacayo de ricos y poderosos? Mucho antes de empezar nuestros trabajos, para alimentar nuestras ansias, debemos encontrarnos un poderoso señor, un mercader, un príncipe… o un Papa”. Es una lástima que la capacidad de Milian como actor no esté como para un personaje tan fuerte. Por interpretar su juventud, dejó a un lado su fuerza, su dinamismo. Es el guión el que se encarga de darle su relevancia, con frases como la anteriormente expuesta.

Sin embargo, la simpleza de los actores de reparto e ve muy bien cubierta por los actores principales. El momento cúspide de la película se da cerca del final, cuando Miguel Ángel se sorprende al encontrar al Sumo Pontífice trepado en los andamios, superando sus recientes heridas de guerra y descifrando el fresco de La Creación. En aquel instante, se da una apasionada e inusual clase de religión, siendo el sacerdote el alumno y el artista el maestro. “¿Es así como lo ves a Él? “, pregunta el Papa, refiriéndose a la figura del Padre Celestial, fuerte y poderoso, pero ausente de toda ira. Buonarroti responde en forma tajante y humilde, como suelen ser las respuestas basadas en la sencillez que gobierna el Cosmos: “Éste es un Dios que conoce la ira. Es poderoso, pero la creación es un acto de amor”.

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Todas estas cosas han hecho que “La Agonía y el Éxtasis” se haya ganado su espacio en la historia del cine. Es una producción digna de ser vista y repetida meses después de semana santa, para librarla de tan pesado y simplista cliché.

Después de “La Agonía y el Éxtasis”, vinieron cosas inferiores. Heston empezó a terminar sus películas con gritos horrorosos; la épica del cine sucumbió ante la moda de lo psicodélico y lo “A go-gó”, aún a la espera de verdaderos autores de cine, que lo alejaran del cliché. Empezaba entonces la búsqueda frontal de los años sesenta por el arte, por su arte; tal como lo hiciera siglos atrás un tal Miguel Ángel.

3 comentarios:

JOHAO dijo...

No he leido completamente el articulo aun por falta de timepo.
Pero me dare un tiempo para leerlo y analizarlo... y para ver la pelicula tambien.
Por lo que te escribia es poruqe tu blog me parece muy interesante y me gustaria agregarte en mi blogroll y que me tengas en el tuyo.
Pasa por mi blog y mira los articulos publicados espero sean de tu agrado.
Estas en el blogroll de :http://q-ubo.blogspot.com/
Pero tambien pasa por mi otro blog: http://divagacionx.blogspot.com/

Saludos, estamos en contacto.

Gus Nielsen dijo...

Gran articulista, gran artículo. Una ecuación perfecta. Abrazo.

Tìa Antonia dijo...

Hola
volví a ver esta peli al encontrarla en la red; claro, como decís, nos hace recordar nuestros tiempos de la adolescencia (en mi caso) cuando el cole nos llevó a verla en el cine para comentarla luego en la clase de Historia.
Volví a disfrutarla.
Una aclaración, el Duque de Urbino es Adolfo Celli (uno de los magistrales "Amici miei" y no Alberto Lupo (?)

Hasta siempre

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