Hace 14 años, esta mujer fue la primera persona en demostrarme que la arquitectura podía plasmarse como un performance.
Disfruten de Liz Diller, arquitecta de la firma Diller, Scofidio + Renfro
Comparto con mucho gusto y mucha gratitud el reportaje que nos hizo el equipo de redacción del sumplemento “Semana”, del diario “Expreso”, bajo el título:
"John Dunn: Arquitecto, Humanista y Desafiante".
Con tan conmovedoras palabras, hasta yo me caigo bien!
Saludos.
Finalmente, cumplo con cerrar el ciclo de “Maccaferri: El Primer Moderno”, compartiendo con ustedes los cinco cortos que hicimos para la exhibición que hiciéramos Florencio Compte, Ricardo Bohórquez y un servidor; sobre la vida y obra del arquitecto italiano que sembró la arquitectura y el Modernismo en Guayaquil.
La muestra en el Museo Municipal fue un evento a reventar. Gracias a todos!
Espero que disfruten de estos cortometrajes documentales.
Maccaferri: El Primer Moderno. Cap #2: "La Gran Obra". from John Dunn on Vimeo.
Maccaferri: El Primer Moderno. Cap #3: "Diamantes de Hormigón". from John Dunn on Vimeo.
Maccaferri: El Primer Moderno. Cap#4: "La Primera Moderna". from John Dunn on Vimeo.
Maccaferri: El Primer Moderno. Cap #5: "Temblor y Caída" (un Gran Dolor). from John Dunn on Vimeo.
A continuación un tráiler de la exhibición que se inaugurará en el Museo Municipal de Guayaquil, este lunes 8 de abril, sobre la vida y obra del arquitecto italiano Francesco Simeone Maccaferri.
Quedan todos cordialmente invitados.
Reflexionemos.
La Arquitectura, en su calidad de Arte, es una manifestación de nuestra identidad; una expresión de lo que somos en un lugar y un tiempo determinados. Si es así, no es ninguna locura el afirmar que nuestra cultura se ve además reflejada en la forma en que usamos nuestras construcciones y edificios.
La arquitectura es el medio que suele usarse para generar espacios “emblemáticos”, por así decirlo. El Estado y sus instituciones suelen apoyarse en la gestión arquitectónica para resaltar en el espacio público su carácter institucional. Lo mismo hacen las grandes corporaciones privadas; el mismo gesto, con la misma intención.
Qué decir entonces, de un pueblo que no da semejante trato a sus instituciones publicas? Salvo, el Palacio de Carondelet, el edifico de la Asamblea Nacional y uno que otro edificio municipal ajeno a la capital, nuestras organizaciones publicas se instalan en espacios que no fueron originalmente creados para ellas, sino para los dinosaurios extintos de la banca derrochadora de los años noventa.
Cómo leer entonces, que la gran mayoría de los ministerios estén ubicados las sedes vacías de bancos quebrados? Como interpretar el que el organismo encargado de proteger a la niñez haga semejantes gestiones, donde antes era un lote para vender carros? (me refiero a la sede del INFA en Guayaquil, donde antes eran las instalaciones de Toyota SICOCAR).
Y el semejante cuestionamiento funciona también si lo miramos en el sentido contrario: Edificios que antes abarcaban la Bolsa de Valores de Guayaquil o el Citybank, ahora son almacenes de ropa.
... será que acaso somos como el cangrejo ermitaño, que busca LO QUE SEA para hacer su refugio?
Muchos podrán alegar un aprovechamiento de recursos; y puede ser que sea una justificación válida. Pero deberíamos apuntar que tal aprovechamiento sea algo temporal, transitorio, y empezar en algún momento a dibujar con hormigón y metal el rostro del país y la cultura que queremos ser.
No pido milagros. Tampoco pido una Brasilia ecuatoriana. Sólo creo conveniente una gradual proyección de edificios propios para los organismos que son, sirven y representan a todos los ecuatorianos.
Y, por favor! Que aquella gradual generación de nuevos edificios públicos no repita la abominable experiencia del edifico de la Asamblea Constituyente de Montecristi! La Arquitectura Nacional no adquiere tal denominación por inspirarse en una cerámica o en un poncho! Un galpón no es arquitectura; peor una asamblea!
A continuación, una muestra de nuestro primer proyecto en construcción, de lo que va del 2010.
Se trata de un proyecto de escala humilde, sin mayor pretensión. La vivienda está destinada a dos señoras, ya en edad avanzada. Por ello se definió desde el principio que el proyecto debía plantearse en una sola planta.
El terreno destinado para el proyecto era el patio posterior de una vivienda mas grande. En su calidad de jardín, el sitio contaba con algunos árboles plantados en el sitio. Se nos pide que no talemos ninguno. El proyecto debe adaptarse a la presencia de los mismos. Nos llaman la atención dos árboles; uno de mango y otro de fruta china. Su ubicación en el terreno resulta conflictiva, pero a la vez pueden ser aprovechados para enriquecer la calidad paisajística del mismo.
Un factor interesante en este proyecto es el tiempo. A diferencia de otros casos, esta casa esta diseñada considerando su transición entre sus primeros usuarios y sus usuarios posteriores. Existe una brecha generacional considerable entre ambos. Por ello, se debe tener en cuenta las necesidades y criterios de ambas generaciones y lograr una convivencia cordial entre ambas, bajo el mismo techo.
La solución es simple, y sin recurrir a maniobras retoricas o demasiado elaboradas. Los dos árboles mencionados anteriormente se usan para determinar la ubicación de dos patios: uno en calidad de patio interior, vinculado con el árbol de mango; y el otro patio –vinculado con el árbol de fruta china- queda designado como un patio estilo japonés, de menor tamaño, pero no por ello menor en importancia.
El patio interior principal sirve como elemento integrador del proyecto. A excepción de la cocina, todos las demás áreas quedan vinculados a este espacio central. De esa forma, se enriquece el paisaje de los interiores y se provee de iluminación natural a toda la casa.
Por su parte, el patio japonés se usa para enriquecer la vista que se tiene desde la cocina y –en menor grado- a la habitación secundaria. El hecho que la cocina cuente con un patio semi-exclusivo resalta su importancia, dentro de un proyecto que esta pensado para dos señoras de la tercera edad. Para nuestras abuelas, la cocina es mas que un espacio para cocinar. El acto de cocinar –especialmente el acto de cocinar para toda la familia- tiene en ellas un carácter ritual. La cocina debe tener por ende tal valoración. Entre su vínculo con el patio japonés y su dimensionamiento se logra que la cocina revalore su significado, dentro del proyecto y dentro de la familia.
Desde la fachada frontal la composición volumétrica resalta la jerarquía de los espacios contenidos. La sala -el espacio principal del proyecto- se encuentra dentro del volumen mas sobresaliente. Se trata de un cubo perfectamente definido, que se abre totalmente en su cara posterior, para integrarse al patio central; mediante una terraza tipo “deck”, que juega el papel de elemento de transición. La cara frontal de la sala se mantiene discretamente cerrada, con pocas aperturas, a fin de evitar el ingreso del ruido del tráfico vehicular existente en el lugar. Un pequeño balcón se ubica entre la sala y el jardín frontal. En lugar de baranda se ha proyectado colocar una jardinera hundida, donde pueden sembrarse las rosas favoritas de la dueña de casa.
En este proyecto, los materiales corroboran lo expresado por la geometría. Originalmente, se ha había considerado al hormigón como el material idóneo para marcar la relevancia de la sala. Sin embargo, por razones presupuestarias, nunca ajenas al mundo de la construcción, se optó por descartar aquella alternativa, y remplazarla por la piedra.
En definitiva, se trata de un proyecto humilde, pero preciso a la vez. Una casa para nada pretenciosa, pero bella; llena de escenarios propensos a quedarse en la memoria de quien la recorra. Una pequeña capsula atemporal, ajena al ajetreo que la rodea; donde crecer y envejecer pueda ser algo que se haga de manera tranquila y pacifica.