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martes, julio 29, 2014

La Ósmosis de la Decadencia


Los edificios institucionales reflejan en su estética la salud de las organizaciones que contienen.  Esta premisa no es para nada novedosa.  Resulta evidente para cualquier persona de vista aguda. Los libros de historia de la arquitectura están repletos de casos de este tipo. El famoso Coliseo Romano –edificación que me niego a aceptar como “Maravilla de la Humanidad”- vivió tiempos oscuros,  luego de caído el Imperio;  durante los cuales dejó de ser el emblema construido de la Roma brutal y se convirtió y en un sitio abandonado para pastorear ovejas.  Mucho tiempo tuvo que pasar para que el Coliseo recuperara su antiguo “esplendor”,  adaptándose como un fortín de los ejércitos papales.

Dicha característica de los edificios no nos es ajena a los ecuatorianos.  Podemos descubrir mucho sobre nuestra historia,  no solamente viendo la preservación de nuestras edificaciones,  sino también analizando las alteraciones realizadas  en ellos y los motivos por las cuales se produjeron.  Nuestro Palacio Municipal pasó tiempos peores,  y semejante crisis se delataba en el decaimiento de sus fachadas.  Un paseo detenido por el interior del Palacio de Carondelet nos podría mostrar también las readecuaciones realizadas por quienes –décadas atrás- realizaban meditación trascendental,  en lugar de dedicarse a gobernar.

El edificio de la sede de las Naciones Unidas,  en Nueva York,  es un hito importantísimo dentro de la arquitectura contemporánea. Su concepción fue el resultado del trabajo realizado por un comité de arquitectos,  compuesto por representantes de varias partes del mundo.  De entre ellos, sobresalían grandes modernistas, como Oscar Niemeyer y Le Corbusier. De las cincuenta propuestas diferentes,  se selecciona la propuesta la propuesta “23 A”,  desarrollada por Le Corbusier.

Crecí con la idea que las Naciones Unidas era la máxima expresión de rechazo a las barbaries cometidas durante la Segunda Guerra Mundial,  y por ende,  la cimentación de un nuevo humanismo.  Grande fue mi decepción,  cuando en agosto del 2009 me encontré con un edificio deficientemente mantenido;  con manchas de hollín en las ventanas y piezas de mármol faltantes en sus fachadas norte y sur.  Los cielorrasos se encontraban atacados por manchas de humedad y goteras.  En su sala de exhibición había una muestra sobre los horrores sufridos en Hiroshima y Nagasaki. Una capa de polvo y descuido cubría las fotografías que narraban tan dantesco evento histórico.

Desde entonces,  me quedó claro que las Naciones Unidas de hoy no son ni el garabato de lo debieron haber sido. Veo las imágenes en los noticieros, tanto del Consejo de Seguridad como de la Asamblea General, y encuentro tomas de personas apáticas y desinteresadas frente a la retórica de discursos estériles. La foto de George W. Bush preguntándole a Condoleezza Rice, si podía ir al baño es un ejemplo tristemente inolvidable.

Las Naciones Unidas no son un medio para solucionar los problemas de la Humanidad. Al contrario: es un estorbo,  donde americanos, rusos y chinos bloquean todo aquello que vaya contra sus intereses. No es de extrañarse que tengamos hoy eventos tan trágicos como los de Gaza, sin que las acciones de la ONU vayan más allá de un insípido reproche a las partes involucradas.   

viernes, junio 01, 2012

Matar a un Coliseo.

muere coliseo muere

A ya mucho tiempo atrás, comencé una campaña extraña, que me ha hecho merecedor de las miradas más bizarras entre quienes me conocen. A través del portal “causes.com”, solicito que me apoyen para pedirle al alcalde de Roma que demuela las ruinas del Coliseo Romano.

Por qué pedir semejante barbaridad? La respuesta es simple: por humanismo. Estoy convencido que –bajo ninguna causa o circunstancia- puede considerarse al coliseo como algo bello,  como una obra de arte;  y peor aún, como una obra arquitectónica. Ni el arte ni la arquitectura pueden tener su justificación original en el homicidio de otros seres humanos.

El Coliseo Romano no fue construido con la intención de mejorar las vidas de los romanos. No es un lugar de albergue o vivienda. No es un lugar donde los antiguos romanos fueran a buscar mercancías, o justicia.  Tampoco se trata de un templo,  destinado a satisfacer la curiosidad sobre los orígenes del universo, a través de un rito, o de la leyenda mítica de algún dios.  El Coliseo Romano fue construido para matar seres humanos.  Se trataba de una herramienta de distracción masiva de la época,  para desviar la atención del pueblo a temas mucho menos trascendentes en la vida pública del Imperio; y mucho más crueles, como matar a alguien para satisfacer el morbo de los demás.

El que nosotros consideremos como “Maravilla de la Arquitectura Moderna” a una infraestructura concebida y edificada para la contemplación de la muerte ajena deja mucho que desear de la humanidad. Es semejante a que lugares de eventos atroces, como Dachau o Auschwitz fueran considerados como “Maravillas”. Por suerte para nosotros,  Adolf Hitler no puso ni una pizca de estética en los macabros lugares donde se cometió el Holocausto.

Auschwitz

Muchas personas me han planteado que mi postura es exagerada. Que el edificio no tiene la culpa de los hechos ocurridos en aquel lugar.  Definitivamente, concuerdo en que no se puede culpar a un edificio. Es obvio que ningún edificio puede tener intenciones; ni buenas, ni malas. Sin embargo, todo edificio y –en general- todo espacio concebido por la mente humana es una alteración del entorno para conseguir un propósito. Eso convierte a las obras arquitectónicas y a los espacios públicos en herramientas.  El Coliseo sirvió para el propósito de entretener a los romanos matando esclavos.  El Coliseo fue una herramienta destinada a provocar la muerte. Así de simple.

la bastilla

Otro factor que se debe tomar en cuenta es el valor simbólico que tienen los edificios y las ciudades. Al tener un valor de estandarte, los edificios y las ciudades se desempeñan no solo como hitos en el espacio,  sino en la historia. Ejemplos: la Caída de Roma marca el inicio de la Edad Media;  la toma de La Bastilla en París fue la ocupación de una cárcel que contaba con apenas 4 prisioneros, pero significó la caída de la monarquía francesa;  Al Qaeda no necesitó invadir el territorio americano para afectar a los Estados Unidos,  solamente se requirió que 4 aviones se estrellen contra edificios estratégicos y –sobretodo- emblemáticos.

wtc 02

Entonces, cómo sorprendernos de las matanzas en las escuelas secundarias? Cómo impresionarnos por que un demente rapta a su hija, la hace vivir en un sótano y la somete sexualmente durante 15 años?  No están todas esas facetas oscuras de la humanidad siendo veneradas y exaltadas en este edificio, hace siglos construido para que en él mueran esclavos, cristianos y demás perseguidos de la época?

Por todo lo anteriormente expuesto, soy de la opinión, de debe cortarse la idolatría al Coliseo Romano. Personalmente, preferiría que se demuela, tal como se hace con los viejos hoteles en Las Vegas. Que el acto simbólico de recuperar la cordura se celebre como un gran espectáculo; con luces, fuegos artificiales y dinamita. Si no se logra tal quijotada, al menos que se trate al Coliseo como un Memorial.

demolicion hotel las vegas

Ciertamente, el Coliseo no tiene la culpa de lo que los humanos hicieron en su interior, siglos atrás. La única diferencia entre una herramienta y un arma está en la forma en la que es usada. La humanidad debería caer en cuenta en la forma cómo fue usado el Coliseo. Definitivamente, es mejor  si mantenemos al Coliseo y a las demás armas fuera del alcance los niños.